jueves, 16 de agosto de 2007

Llorando en la calle

Hace unos días salía del trabajo, yendo para el subte, en el mismo lugar de la otra vez me encuentro con una situación bastante particular. Una mujer de unos treinta y pico de años, arriba de 150 kilos, rubia y podría decirse bastante linda. Otra homeless. Esta vez la imágen no fue nada esperanzadora, ya que estaba llorando desconsoladamente. Lo primero que pensé fue, qué le estará pasando? Después me sentí un poco idiota porque había una lista enorme de obvias razones por las cuales podría llorar durante días y días, pero no, esta mujer estaba llorando por algo puntual. Estoy casi segura. No paraba. Paré y me quedé mirándola durante un rato, no sabía si darle plata, preguntarle que le pasaba o qué. En fín, derrepente pasa un señor de unos cincuenta y pico y le da un paquetito. Ella lo guarda sin mirar que tiene y le agradece. La verdad es que tengo cero experiencia en drogas pero me parece que éste no era el caso. La cuestión es que después de eso me quedé como tranquila y continué mi viaje.
Ya en el vagón del subte me siento y veo que adelante mio, de espaldas, había un viejito llorando. Yo le veía la nuca y daba para darse cuenta de lo mucho que lloraba, aunque fuera sin ruido. La gente empezaba a mirarlo. Acto seguido me puse a llorar yo también, si ya se soy una loca, pero es que no puedo ver a la gente llorando. Y como con la primera, me dieron ganas de abrazarlo decirle que todo estaba bien, pero quién soy yo para meterme en la vida de nadie.
En fí, si lo se soy una llorona. A decir verdad ya lloré mucho más que mi cuota en la calle, en el tren y en el colectivo y pensándolo bien, hubiera sido lindo que alguna de esas veces alguien me dijiera que todo iba a estar bien y me ofreciera una carilina.

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