martes, 7 de agosto de 2007

Diamonds are a girl's best friend

Ayer, podría decirse, que tuve una de las experiencias más surreales de toda mi vida. Después de salir del trabajo me tomé el metrô en dirección a Copacabana, más precisamente a a más nueva adquisición de la línea, la estación Cantagalo.
Eran aproximadamente 19.30 cuando llegué a mi destino: la casa de remates. Pues bien, debo decir que de lo poco que me imaginaba que iba a ser, no fue. O sea, tampoco me imaginé tanto pero debo decir que colmó ampliamente mis expectativas.
Número uno, siendo una “chica Leblon” por adopción y “chica Barra” porque vivo allí, demás está decir que todo lo que se relacione con Copa me parece una mersada total. A ver, para los que por ahí no me entienden, Copacabana vendría a ser la playa más grasa de todo Rio y por consiguiente todo lo que se encuentra en dicho barrio no es muy digno que digamos. En realidad, vamos a decir a favor de Copa, que ya supo ser un barrio chiquérrimo y lleno de glamour, pero si, acentúo ese “ya supo ser”. Asi que imaginé que un remate en Copa sería algo muy bizarro y cercano a lo patético. Lejos de serlo me sentí prácticamente en una película de hollywood de los años 50. Divino, me encantó no puedo creer que viví todos estos años sin siquiera haber ido a uno. Lo mejor de todo fue esa sensación de mariposas en la barriga cuando se iba acercando el remate del lote que yo quería (mi regalo de cumpleaños). Un solitario perfecto de brillantes, discreto y a su vez lindísimo! Siempre quise mi “engagement ring” al cual estoy absolutamete entitled desde hace casi 3 años pero bueno, se hizo desear pero llegó. Y de la manera más pomposa y loca posible.

Desde el momento que levanté mi cartelito discretamente hasta que finalmente gané el lote me sentí una Holly Golightly total!

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